En la última década del Siglo XX se ha generado gran preocupación con respecto a la salud y la protección del ambiente, la sociedad y principalmente los consumidores comenzado a tener conciencia de la importancia que tiene para ellos consumir alimentos sanos y que estos provengan de plantaciones dentro de conceptos modernos de producción, denominados “Buenas Prácticas Agrícolas”, las que hacen que el consumidor adquiera sus alimentos con la confianza de que éstos no contienen residuos de productos que puedan afectar la salud.
Los consumidores quieren alimentos sanos y saludables. No olvidar que todos somos consumidores.
En
“Es preciso intensificar la producción agrícola para atender la futura demanda de productos básicos, y para evitar la necesidad de incorporar tierras marginales o de invadir ecosistemas frágiles. El creciente uso de insumos externos y el desarrollo de sistemas especializados de producción y de cultivo tienden a aumentar la vulnerabilidad, debido a las tensiones ambientales y a las fluctuaciones de los mercados”
Dentro de este contexto, se ha demostrado que los ojos de la sociedad están dirigidos al proceso de producción agrícola y que el agricultor junto con sus proveedores son protagonistas importantes en este cambio tecnológico.
La investigación agrícola será la base de implementación de las nuevas prácticas, las cuales serán efectivas una vez que el productor sea capacitado y adquiera el compromiso de aplicarlas.
Las grandes cadenas de supermercados presionadas por sus clientes han desarrollado procedimientos de certificación para sus proveedores habituales, los cuales deben comprometerse a cumplir una serie de prácticas que reduzcan los residuos en los productos, lo cual es controlado mediante procedimientos de control de calidad que incluyen los análisis de laboratorio de los productos agrícolas.
Los sistemas de normalización y certificación aun están en proceso de desarrollo e implementación, pero ya existen programas que velan por las Buenas Prácticas Agrícolas como un importante paso hacia los objetivos fijados por las cadenas de distribución y las organizaciones de consumidores.
Las Buenas Prácticas Agrícolas junto con
La finca como un agroecosistema es la base de
La visión con respecto a la protección de los cultivos se ha venido cambiando, desde las estrategias de “control” de plagas hasta llegar a un manejo de las plagas que permita una producción rentable dentro de esquemas de control respetuosos al ambiente y la salud. El control de enfermedades también se transforma, desde la eliminación del patógeno, a la consideración de que la rotación de cultivos, cambios en las fechas de siembra, una nutrición más puntualizada para lograr una reducción en la suceptibilidad de los cultivos al ataque de los patógenos. El manejo del suelo, tratando de lograr no solo su degradación productiva sino su restauración hacia un sustrato de mayor calidad para el desarrollo de los cultivos. También las tecnologías de labranza mínimas protegen al suelo de la erosión tanto por agua, como por el viento.
La diversificación en los cultivos y el cambio de variedades traen consigo una reducción en la sensibilidad de éstos al ataque de parásitos.
La madurez de los mercados, cuando estos adquieren conciencia de que la calidad de los productos no se mide solo en su apariencia, sino en la seguridad para el consumidor y el medio ambiente en que son producidos, han generado una serie de procedimientos de certificación, entre ellos EUREP (Euro-Retailer Produce Working Group), que ha sido desarrollado por los distribuidores detallistas europeos con el fin de elevar los estándares sanitarios de la producción de frutas y vegetales dentro de
Este marco general, va desde los tratamientos aplicados a los cultivos, hasta los procedimientos de transporte y almacenamiento.
Los que han desarrollado esta certificación y la estan aplicando y controlando han demostrado tener un conocimiento sobre la realidad del agro y es por tanto que han decidido su implementación, paso a paso, adaptándola a las diferentes realidades productivas, para determinar los pasos en que se deben incorporar los cambios, siempre teniendo a mano planes de acción con fechas de aplicación definidas. La incorporación y sus controles son básicos para asegurar el avance en el proceso.
Los productores en todos los casos deberan demostrar su interés y convencimiento en su compromiso de cambio hacia la implementación de las Buenas Prácticas Agrícolas.
Definición de Buenas Prácticas Agrícolas
Las buenas prácticas agrícolas se definen como un medio para incorporar el manejo integrado de plagas y de cultivos y otras prácticas amigables con la salud y el ambiente dentro de un marco de la producción agraria comercial para alcanzar la sustentabilidad de la producción agrícola.
Se afirma que para que los consumidores tengan confianza del producto que consumen, los productos deberan provenir de aquellos productos que aplique las BPA y que hayan eliminado todas aquellas prácticas no adecuadas.
Elementos de las Buenas Prácticas Agrícolas
Los agricultores desarrollaran estrategias basadas en los siguientes elementos o procedimientos:
1- Escogencia de cultivares y variedades que hayan demostrado resistencia y tolerancia a las plagas y enfermedades típicas del cultivo.
2- Utilización de prácticas como rotación de cultivos, manejo de desechos de cultivos anteriores, acondicionamiento del suelo, épocas de siembra oportunas
3- Programas de tratamiento de protección del cultivos, basados en la utilización de productos aprobados, a las dosis recomendadas, dentro del plazo de seguridad indicado antes de la cosecha, utilizando los equipos de aplicación que garanticen buena distribución del tratamiento, así como la protección del ambiente circundante (fuentes de agua, otros cultivos, viviendas, etc.
4- Aplicar los procedimientos de Manejo Integrado de Plagas (MIP) y Manejo Integrado de Enfermedades (MIE), así como los concepto de manejo de finca estipulados por el manejo integrado de cultivos.
5- Evitar la contaminación de todo tipo del producto de la finca.
El Futuro de las Buenas Prácticas Agrícolas
La implementación de las Buenas Prácticas Agrícolas traerá beneficios sustanciales al productor desde el punto de vista de que conducen a la racionalización en el uso de los insumos con su correspondiente redución en los costos de producción; a su vez, se tendrá que aplicar más controles en el proceso productivo, con lo que el balance financiero del mismo será auditado de manera efectiva. Lógicamente hay costos diferenciales, los cuales se comprende que deberan ser absorbidos por la cadena de distribución y finalmente por el consumidor que reconoce el esfuerzo del productor por entregarle un producto con nuevos estándares de calidad.
Las Buenas Prácticas Agrícolas valoran inclusive la protección del agricultor, pues exigen de la utilización de equipos de protección personal.
Es indudable que la aplicación de las BPA requiere de un agricultor con un grado de capacitación específico y que se mantenga más informado, razones por las cuales su adopción es paulatina.
Si desea mayor información sobre los procedimientos de Certificación desarrollados por
Las asociaciones europeas de
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